21 octubre 2008

Tanto tiempo

Hace tiempo que no le dedicaba un momento a escribir en este blog. Tanto, que haré un resumen de mi vida desde mayo, al estilo de los conejos de "... in thirty seconds" : Término de la liga de rugby: nos quedamos en primera regional. Denegación de la renovación del permiso de residencia (despues de un tramite larguisimo): volver a Chile a hacer los papeles de cero. Reencuentro con viejos amigos del colegio: alegrías para corazón. Casi muerte de mi hermana en el parto de mi sobrina: reorganización de prioridades en la vida, aunque ellas estan bien ahora. Vuelta a España (no en bici). Viaje a Francia para un experimento. Reencuentro con Nacho en Paris y luego en Valencia.
En todo este tiempo ha habido muchas más cosas, por supuesto. Pero quizas merecen algun post especial. Eso esta por verse. Ahora me quisiera detener en la nostalgia de pasear por Santiago.

A modo de prologo se debe saber que mis primeros pasos en mi vida semi-independiente los dí en la ruidosa, contaminada y exquisitamente atractiva Santiago de Chile por cinco años. Son tantas las emociones que me provoca estar en Santiago despues de haberla dejado hace ya tres. Y tan mal que quedó la pobre despues de mi partida: metro colapsado, micros verdes sin recorrido, Santiago Centro sin lanzas... es que las cosas siempre van a peor.
Fue despues de recibir mi pasaporte con su flamante visado que me fui caminando por Providencia, desde Los Leones hasta el Paseo Ahumada. Aún no se que fue lo que me animó a hacerlo (son sus buenos kilometros) pero creo que necesitaba escarbar en mis recuerdos, en todos ellos y mirarlos ahora con perspectiva distinta. A esto, los depresivos le llamamos nostalgia.
Era un paseo distinto, no tenía ninguna prisa. Entré a cuanta galería encontré por el camino, recordando cuando con poca plata quería hacer un regalo distinto rebuscando por los rincones de Providencia el libro adecuado o la baratija precisa para quien fuera el destinatario. Entré tambien al Portal Lyon, un sitio que no cambia por mas tribus urbanas se inventen: es el sitio freak de Santiago. Y por más frikis que broten por las esquinas, seguro que el Portal es aún más. Continué por Providencia hacia abajo, alejandome de la cordillera, y pase por una farmacia: que recuerdos... ahí gaste la mitad del dinero de una semana al comprarme un analgésico para el dolor de muelas, y esto fue a las 2 de la mañana!. Pum! termina ese recuerdo y por mi lado pasa Luis Gneco (un actor). Sigo caminando pensando que de verdad la tele engorda. Sigo, y al llegar al Banco de Chile de Pedro de Valdivia, recuerdo la teletón, cuando aportaba dinero sin prejuicios... divagué un rato en la calidez de la ignorancia.
Me detengo a contar los pisos del edificio de Carlos Antúnez con 11 de Septiembre. Uno, dos... Diez.. esa era la ventana. Ahí pasé los primeros meses de semi-independencia en una habitación donde cabía mi cama de plaza y media y una mini mesita de noche. Menos mal que me echaron de aquel lugar (por que no compartía y porque no acepté la sugerencia de "oye, ya que tu hermana esta desocupada, podría venir a hacer la limpieza"). - Qué mal recuerdo.. puaj se me revuelve el estomago de pensar en los Pepes, que asco de gente.-
Menos mal que seguí mi recorrido sin vomitar en la calle, ya arrivando a mi barrio. Antes de llegar a Antonio Varas, hay un pasaje en donde venden recuerditos de Chile, postales, libros para turistas, marionetas, etc. Qué lindo lugar!. Está entremedio de dos edificios y adornado por árboles tupidos, que le da un toque de vida al concreto. Locales de madera y olores de libro antiguo.
Una pareja de alemanes me pide que les tome una foto. Hablamos un poco y mientras contemplo su sonrisa de extranjero nervioso, me doy cuenta que no hay ruido. A pesar de los autobuses y los automóviles, en ese lugar no hay ruido. Salgo de ese oasis y miro a la izquierda.. allá a lo lejos detrás de los altos edificios, la cordillera. Con un nudo irracional en la garganta continuo mi paseo, hacia abajo, ahora ya con rumbo fijo.
Paso por el teatro del Coco Legrand y me doy cuenta que nunca entré ahí, a pesar de lo cerca que me quedaba. Era renunciar a demasiado para pagarme una entrada. Existían gustos más baratos y más necesarios. Casi instintivamente cruzo la calle y me meto al restorante griego de Román Diaz. Pido un gyro y me lo como ahi. Subo al segundo piso y me siento... Es de casi de noche y estoy super nervioso, en frente mio esta Gabriel y una cerveza negra. Evitabamos hablar del examen de grado, del mio... era el recuerdo del día de antes. Gabriel en mi casa- bueno, habitación- escuchándome y criticándome las cuatrocientas veces que le presente mi charla, hasta que nos fuimos a comer el gyro, una cervecita y a dormir... Lo termino y permanezco sentado hasta que estimo que puedo seguir urgando en los recuerdos. Camino hasta mi calle: Huelén. Entro como había entrado miles de veces. Seguro que podía entrar con los ojos cerrados y saber con exactitud su serpenteo hasta llegar al portal del edificio. Me voy hasta la acera de enfrente y miro mi ventana. La reconozco no sólo por la pegatina de "Bucalemu" que puse hace más de cinco años, ni por la grieta del muro en la esquina izquierda, ni tampoco por la ventana levemente trizada. La reconozco como me reconocería a mi mismo si me pasaran un espejo despues de vivir cinco años perdido en el Congo.
Si anteriormente los recuerdos eran flashes de nostalgia, esto fue una inmersión en la laguna de los paparazzi de la prensa rosa. Tantos sentimentos entremezclados... Me vi mirando al San Cristobal por esa ventana, de noche y con el resplandor de una virgen blanca a lo lejos. Me vi estudiando, a veces solo. Me vi esperando impacientemente a la mujer que amaba. Me vi viendo una pelicula con Gabriel. Me vi viendo peliculas sin Gabriel y bien acompañado. Me vi haciendo choripanes. Me vi explicando un problema en la pizarra. Me vi pintando de amarillo. Me vi atacado por una polilla gigante. Me vi yaciendo en la cama con los puños apretados y lagrimas en los ojos. Me vi recogiendo todas mis cosas y cerrando la puerta, siempre con nostalgia y al menos esa vez, con esperanza... De repente, un movimento en la cortina; una mano que abre ruidosamente la ventana trizada. En ese instante me di cuenta que la mia, a su vez, apretaba fuertemente el tirante de la mochila en donde estaba mi pasaporte con un visado nuevo. Quizás era el momento de partir.

02 mayo 2008

Espero que el autor de este artículo no me demande por publicarlo aquí. Pero creo que es necesario de se difunda en la comunidad científica, especialmente por nosotros los investigadores jóvenes que aún conservamos el frescor de la esperanza y aquella pizca de ingenuidad que cree posible hacer cambios sustanciales en la sociedad. Así que insito primero  a comprar este excelente libro de divulgación de neurociencia llamado “El Científico Curioso” del Biofísico Francisco Mora, del cual he copiado el articulo a continuación; segundo a copiarlo y pegarlo en vuestros respectivos blog, fotologs, my space, facebook, etc. para su máxima difusión.

 

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La ciencia es una criatura delicada,

F.Mora “El Científico Curioso”, pp187. Ediciones Temas de Hoy(2008).

 

“… 'La ciencia – ha dicho Eric Kandel, último Nobel de Fisiología y Medicina, procedente de la rama de la neurociencia- ya no es un tema exclusivo de los científicos, sino que se ha convertido en una parte integral de la vida moderna y de la cultura contemporánea'.  Y esta es una realidad que, como tal, todavía no se vive en España (*). La investigación científica está en un buen momento en nuestro país, pero necesita de un soporte social, de una cultura que no tiene. Nuestra cultura de la ciencia es una cultura congelada y artificial, importada y casi ajena al envoltorio cultural ‘caliente’ de las humanidades, que es el que reconocemos como genuina cultura. Y sin ese marco, de emoción y sentimiento por la cultura desde la ciencia, como lo tenemos por las artes, difícilmente se puede invitar a los jóvenes de talento a entusiasmarse por la ciencia como dedicación, pues no ven que los científicos sean mimados, regalados y reconocidos como personas de alto valor social. La ciencia es una criatura delicada. La investigación científica es, de hecho, un extraño fuego que hay que alimentar y proteger constantemente para mantenerlo vivo, como si de un fuego sagrado se tratara. Fuego, además, que necesita de un apilamiento de ladrillos sociales que lo abriguen y protejan. Ése es el marco o abrigo social que todavía está por crearse en España. Y la responsabilidad máxima de que todavía no exista la tienen los gobernantes y los políticos. Los de antes y los de ahora. Porque son ellos quienes tienen la obligación de otear y orientar la sociedad hacia aquello que a corto o largo plazo la provea de riqueza. Riqueza espiritual y pragmática.

Y precisamente eso es la ciencia. ¿Cómo no somos capaces de darnos cuenta de que la riqueza de los Estados Unidos emana, en muy buena medida, de esa política de Estado que sembró la investigación científica y apostó por ella durante decenas de años aun a costa de no recibir beneficios inmediatos?. La cosecha de esa apuesta está a la vista de todo el mundo. Este país nuestro necesita pues, hoy más que nunca, que sus más altos dignatarios políticos sean el escaparate de esa cultura de la ciencia. Y que eso se exprese no sólo en el contexto de una declaración de presupuestos y más dinero para la ciencia, sino que salga a la calle en los mítines, en la radio y en la televisión, manifestando una y otra vez que se va a poner como meta prioritaria y a largo plazo la investigación científica. Que se va a apostar por ella poniendo énfasis y calor para que cale en la sociedad y conforme cultura, diciendo además que es una necesidad real para el progreso y el bienestar añadido de las gentes.

Al fin y a la postre, la investigación científica es eso: riqueza y, además, cultura. Si la cultura es esa carpa enorme que cubre las transacciones humanas, es bien cierto que hoy una parte importante de ella esta construida por la ciencia. Por eso hay que invertir un gruesote tiempo en airear las grandezas y talentos que puede proveer y tiene este pueblo para la ciencia. Debiéramos soplar todos a una nave que lleva la carga de nuestra ciencia y nuestra cultura allende las fronteras. Es el momento de despertar a la verdadera cultura del nuevo siglo, aquella de unión de ciencia y humanidades. Ya lo dijo Wilson: ' La ciencia es una combinación de operaciones mentales que ha conformado, y cada vez más, el hábito de la gente educada, una cultura de iluminación que ha dado con la manera más efectiva, nunca antes concebida, de aprendizaje acerca del mundo real'.  Apostemos, pues, por ella. …”

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 (*) Como dice España puede decir Chile,  también.

De este artículo se puede extraer que las realidades chilenas y españolas son absolutamente coincidentes. Falta integrar la cultura de la ciencia en nuestros niños que predican que las matemáticas y las ciencias naturales son difíciles, por tanto ajenas. Y que, para colmo de males, son consentidos por sus padres que seguramente fueron consentidos también.

 

Ya es hora de romper la cadena de errores. Es hora de tener gobernantes que sepan de ciencia; que no nos mantengan como, nunca mejor dicho, ratas de laboratorio girando en una rueda para encender una bombilla y alimentándonos para solamente para no morir. Con el apoyo suficiente y el reconocimiento social, seríamos capaces de encender ciudades completas, alumbrando directamente a la curiosidad  social.

 

¿Cuánto ganaría nuestro país –Chile o España- si diez de cada mil estudiantes de secundaria fueran científicos calificados (PhDs o Maestros) que trabajen en investigación y desarrollo para los respectivos  gobiernos?

Los que quedamos somos como los salmones: nadando contra la corriente y esquivando  el constante zarpazo de la indiferencia del resto de la sociedad.

Como dice Mora en el comienzo de este libro. La culpa de esta aparente apatía hacia la ciencia ha sido en gran medida también nuestra: no nos damos a conocer de la manera adecuada.  Son muy pocos los de nosotros que intentamos divulgar nuestro trabajo. Y, en cierto modo, nos gusta ser parte de la “elite” de la sociedad.  

 

Que lo anterior se vea como una violenta arenga a divulgar la ciencia.

27 abril 2008

Respiro y puedo sentirlo. Me gusta. Siento como mis pulmones se hinchan y deshinchan. Estoy en una zona tranquila y acogedora. Mientras comienzo a sentir el entorno me doy cuenta que tengo mis audífonos colgando de mi cuello, ejerciendo cierta presión. No me desagrada. Estiro la mano y cojo la botella que yace en la mesa. Estoy medio borracho. Allá a lo lejos el ruido de la maquina de cervezas me recuerda las veces que me he encontrado asi. Bebo. No puede ser tan malo. Hay mas personas que están…. Me detengo un momento para reflexionar sobre estas palabras. Todos quienes conozco parecen estar bien o incluso mejor que… solas de madrugada. Tiene que haberlas.

Salgo de mis pensamientos. No quiero oírlos!. Me hacen sentir miserable. Siempre lo hacen. Siempre termino llevando las  manos a la cabeza por su culpa. La respiración, la mía, ya parece alterada. Bebo. Siento en mi cabeza miles de órdenes. Una sigue a la otra. A veces se solapan. Llegan como olas. Las más intensas quieren estallar en el cráneo. Otras se verbalizan, pero casi todas se moderan. …

Dos treinta y cinco. Los auriculares siguen en el mismo sitio. Estoy casi seguro que  alguna vez emergió música de ellos. Ya no lo recuerdo. Mis recuerdos seguro que han cedido espacio para las divagaciones. Me importa poco no tener recuerdos…

La verdad es que me reconstruyo en cada momento. Especialmente luego de los dolores; esas ideas no moderadas, que me impiden reaccionar y me dejan en cama por horas…concluyo que algunos recuerdos pueden ser despreciables y otros atesorables.

 

Ahora pienso que la cerveza tiene un cierto poder mágico: la conciencia. Soy extranjero en el país equivocado. Estoy ahora en un lugar de y para extranjeros. Eso hace la  diferencia?.  Intento recordar cuando fue la última vez que lo pase tan bien como despues del medio shift y no lo recuerdo. Serás tu?.

Llamo a la realidad y me contestan novedades. No estoy preparado. Prolongo mi estadía en Neverland con otra Hefeweizen… Me parece que vuelvo a sentir como respiro.