27 abril 2008

Respiro y puedo sentirlo. Me gusta. Siento como mis pulmones se hinchan y deshinchan. Estoy en una zona tranquila y acogedora. Mientras comienzo a sentir el entorno me doy cuenta que tengo mis audífonos colgando de mi cuello, ejerciendo cierta presión. No me desagrada. Estiro la mano y cojo la botella que yace en la mesa. Estoy medio borracho. Allá a lo lejos el ruido de la maquina de cervezas me recuerda las veces que me he encontrado asi. Bebo. No puede ser tan malo. Hay mas personas que están…. Me detengo un momento para reflexionar sobre estas palabras. Todos quienes conozco parecen estar bien o incluso mejor que… solas de madrugada. Tiene que haberlas.

Salgo de mis pensamientos. No quiero oírlos!. Me hacen sentir miserable. Siempre lo hacen. Siempre termino llevando las  manos a la cabeza por su culpa. La respiración, la mía, ya parece alterada. Bebo. Siento en mi cabeza miles de órdenes. Una sigue a la otra. A veces se solapan. Llegan como olas. Las más intensas quieren estallar en el cráneo. Otras se verbalizan, pero casi todas se moderan. …

Dos treinta y cinco. Los auriculares siguen en el mismo sitio. Estoy casi seguro que  alguna vez emergió música de ellos. Ya no lo recuerdo. Mis recuerdos seguro que han cedido espacio para las divagaciones. Me importa poco no tener recuerdos…

La verdad es que me reconstruyo en cada momento. Especialmente luego de los dolores; esas ideas no moderadas, que me impiden reaccionar y me dejan en cama por horas…concluyo que algunos recuerdos pueden ser despreciables y otros atesorables.

 

Ahora pienso que la cerveza tiene un cierto poder mágico: la conciencia. Soy extranjero en el país equivocado. Estoy ahora en un lugar de y para extranjeros. Eso hace la  diferencia?.  Intento recordar cuando fue la última vez que lo pase tan bien como despues del medio shift y no lo recuerdo. Serás tu?.

Llamo a la realidad y me contestan novedades. No estoy preparado. Prolongo mi estadía en Neverland con otra Hefeweizen… Me parece que vuelvo a sentir como respiro.

04 abril 2008

Etiquetas, como las odio!.
Las promociones perturban lo escencial
Colores adecuados, formas sublimes.
Asi te forman, asi te venden,
asi te quedas en la retina del apresurado.

Tomaros el tiempo de mirar el contenido
y saborear el manjar exquisito.
Que quizas podáis
llevaros sorpresas.
Violentas sorpresas.

26 marzo 2008

Otro post antiguo

Siempre es bueno retirarse a tiempo. Si eres invitado, debes retirarte a tiempo para no caer pesado. Si eres boxeador, retirarse a tiempo puede significar una sonrisa en la vejez.

Pero ¿cómo saber cuando es tiempo de retirarse
sin reconocer, en la mirada, la incomodidad de los comensales
o sin escupir el primer diente?
Y mientras tanto hago cuentas siguiendo este patrón del menor daño,
calculando que el próximo contacto, no influirá.
Que sí puedo soportar otro golpe
o imaginarme que esos ojos soñolientos y desafiantes
no son más que el reflejo de tu alma de comensal
cansada de tanto reír y no la forma implícita de invitarme a abandonar tu hogar
porque esperas a otro invitado.

Y sigo ahí.
Y te escribo nuevamente.
Y vuelvo a esperar tu respuesta.
Que ya no es ni siquiera una mirada cansada,
ni menos un golpe de izquierda.
Es simple y lamentablemente silencio.
Un silencio ya sin rostro
que quizás intenta no herir ni incomodar,
pero es silencio al fin.

Entonces, mi vida, no queda más que retirarme en silencio.
En mi silencio, que me es incómodo y doloroso.
Que me arranca los dientes, las muelas y los colmillos uno por uno.
Pero es mío y sólo mío.
Y sé que finalizará cuando se me acaben los dientes
o bien cuando me inviten a otra casa