Respiro y puedo sentirlo. Me gusta. Siento como mis pulmones se hinchan y deshinchan. Estoy en una zona tranquila y acogedora. Mientras comienzo a sentir el entorno me doy cuenta que tengo mis audífonos colgando de mi cuello, ejerciendo cierta presión. No me desagrada. Estiro la mano y cojo la botella que yace en la mesa. Estoy medio borracho. Allá a lo lejos el ruido de la maquina de cervezas me recuerda las veces que me he encontrado asi. Bebo. No puede ser tan malo. Hay mas personas que están…. Me detengo un momento para reflexionar sobre estas palabras. Todos quienes conozco parecen estar bien o incluso mejor que… solas de madrugada. Tiene que haberlas.
Salgo de mis pensamientos. No quiero oírlos!. Me hacen sentir miserable. Siempre lo hacen. Siempre termino llevando las manos a la cabeza por su culpa. La respiración, la mía, ya parece alterada. Bebo. Siento en mi cabeza miles de órdenes. Una sigue a la otra. A veces se solapan. Llegan como olas. Las más intensas quieren estallar en el cráneo. Otras se verbalizan, pero casi todas se moderan. …
Dos treinta y cinco. Los auriculares siguen en el mismo sitio. Estoy casi seguro que alguna vez emergió música de ellos. Ya no lo recuerdo. Mis recuerdos seguro que han cedido espacio para las divagaciones. Me importa poco no tener recuerdos…
La verdad es que me reconstruyo en cada momento. Especialmente luego de los dolores; esas ideas no moderadas, que me impiden reaccionar y me dejan en cama por horas…concluyo que algunos recuerdos pueden ser despreciables y otros atesorables.
Ahora pienso que la cerveza tiene un cierto poder mágico: la conciencia. Soy extranjero en el país equivocado. Estoy ahora en un lugar de y para extranjeros. Eso hace la diferencia?. Intento recordar cuando fue la última vez que lo pase tan bien como despues del medio shift y no lo recuerdo. Serás tu?.
Llamo a la realidad y me contestan novedades. No estoy preparado. Prolongo mi estadía en Neverland con otra Hefeweizen… Me parece que vuelvo a sentir como respiro.