30 enero 2008

¿Qué escribir cuando no tienes nada que escribir?, o bien ¿Qué decir cuando tus interlocutores han muerto ahogados en sus propias palabras o atragantados en su confuso silencio?. Son estas dos interrogantes las que me inhiben a dejar mensajes sin destinatario.
Antes todo era nuevo. Todo una nueva experiencia y habia que contarlo; tenia que contártelo. Ahora todo es rutina y lo que no, no merece el esfuerzo de redactarlo porque no estas ahí.
Aquellos que me leyeron, aquellos que me consolaron, aquellos que se rieron ya quedaron atrás. ¿Os mordisqueó las cutículas la envidia o quedásteis como yo atrapados en el círculo del día a día?
Sobre todo tú, que volviste y te fuiste. Te ayudé y me miraste. Te cubrí y te tapaste. Te sonreí y me miraste nuevamente. Te acaricié y tomaste gentilmente mi mano. Y entre tantas ambiguas señales,armado de valor, te lo iba a decir cuando un dragon morado salió de mis entrañas arrazando contigo. Te apretó las piernas y te resististe. Te agarró las mejillas con sus moradas garras fijando su mirada en la tuya y finalmente dijiste "yo no".
Desde ese momento y en ese instante ya lejano, todo cambio. Las horas ya no son tus horas, sino las mias. Y todo comenzo a tener propiedad y mi nombre en todo.
Y no me queda nada por lo que escribir. No quiero escribir porque no quiero volver a escribir!. Lo que pasa es que las palabras sufrir y escribir se me confunden a veces, como las palabras Federico y refigerador. No quiero volver a escribir un Federico sufria por la escritura de un refigerador. No más sin sentidos!. No mas palabras sin destinatario!.

22 noviembre 2007


De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas

quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos

está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.

Mario Benedetti

12 noviembre 2007

El niño de Gafas

El niño de gafas mira a través de los cristales de su vida las pequeñas injusticias que le marcan el inicio de su adolescencia. Trata de analizarlo todo, detalle por detalle y rostro por rostro. Cree entender que los juegos de pelota son para el resto. Piensa a menudo que tiene grandes ideas (y las tiene). Piensa también que todo seria más simple si no las dice, por un miedo tonto al ridículo. Desea ser un líder en la jungla; el nació para serlo. Su camino se ve truncado de vez en cuando por uno que otro rechazo.

El niño de gafas quiere tomar las riendas de su vida lentamente, mientras esta se hace cada día más compleja. Sus ideas se modifican para poder dominar la jungla y comienza a ser vulgar. El parece no entender que ser diferente es el camino.

Niño de gafas, toma tus cristales y levántalos.

Seca tus pequeñas gotitas de soledad

Mira el horizonte otra vez,

¿No ves la multitud sedienta de tus magnificas ideas,

tras las jaulas de los temerosos?

Niño de gafas, cimienta tu sendero como quieras.

Toma tus palabras y espárcelas por los rincones oscuros

Lucha contra las ignorantes marionetas del mañana.

Y si puedes córtales sus hilos musgosos y tirantes.

Niño de gafas ya sin gafas. ¿Qué te identificará hoy?

Seguramente será tu profunda mirada paciente ocultada por los años solos y eternos.

Prepárate entonces para ver claramente a la persona que construyes hoy.






Para el pelli